El hotel es la definición de "boutique": pequeño, muy cuidado, exclusivo y con una extraordinaria atención a los detalles y al huésped, y con un tema de personajes históricos y objetos relacionados en la decoración distinta de cada habitación. Esto último hace una gran diferencia: un excelente servicio de concierge (tours, llamadas, confirmaciones, etc)
Disfrutamos lo silencioso de la céntrica zona y las confortables habitaciones, incluidos la biblioteca (con una TV grande y antigüedades, sillones cómodos) y el comedor utilizado para desayunar (con mobiliario y vajillas antiguas), así como la variedad: jugo de naranja fresco, leche, café, pan dulce recién horneado, carnes frías y queso, fruta (fresas, moras, plátanos, manzanas, piña, kiwi...), yogurt, granola hecha en casa, y huevos al gusto (con jamón, queso, cebolla y champiñones -no al estilo Mexicano con carne, chilaquiles o frijoles!).
Excelente ubicación en Plaza Zabala, en la Ciudad Vieja, a unas cuadras del Mercado del Puerto, la rambla y la peatonal Sarandí, por la que se puede llegar hasta la plaza independencia. Rodeado de museos y edificios históricos, para disfrutar caminando.
Nos hospedamos por aniversario de bodas (obsequiados con una botella de buen vino Tannat de Deicas, gracias!).
Sólo queda agradecer a todo el personal por su calidez y hospitalidad. Seguro volveremos...